POSEIDA

POSEIDA

Esa mañana Evelyn se levantó, cepilló su larga cabellera color azabache. Mirándose al espejo, contemplaba su cutis lozano, a pesar del tiempo que había transcurrido desde aquel día que visitó el pueblito donde había crecido y vivido desde niña con su abuela materna Ángela. Allí también conoció su primer amor y fue tan feliz, hasta ese fatídico día, cuando su vida cambió por completo.

10 años antes

         ¡Evelyn, Evelyn! gritaba afanosamente la abuela desde el fogón de la cocina.

          — ¡Párate muchacha, que es hora de ir al pueblo!

 — ¡Abuela, déjame dormir estoy de vacaciones!

 — Muchacha, no seas tan floja. Igualita a tu madre que en paz descanse. —. Recordó con un poco de tristeza la Abuela Ángela

Evelyn tomó un sorbo del rico café que su abuela preparaba en leña recién cortada de guatacaro. Cepilló su hermosa cabellera y se puso su camisón de salir al pueblo. Era un trecho largo que le tocaba recorrer, en aquellos lugares existían lo que llaman cuentos de camino, pero Evelyn, era muy vivaracha, y salir de aquella pequeña granja a buscar los enseres para su abuela le hacían escapar de sus órdenes y quehaceres de la misma, alimentar gallinas, ordeñar a Nieves, la única vaca que tenían y que había dejado de herencia su abuelo Pedro.

 Estaba concentrada en lo que tenía que llevar, si olvidaba algo, la abuela tremendo castigo le daba. Madrugar, no eso no. Me gusta dormir, pensó en voz alta Evelyn. Entre los matorrales, escuchó un ruido. Apuró el paso, sentía que le perseguían, pero no quería voltear. Un nudo en la garganta sintió que le asfixiaba, por un instante quería correr, sus piernas temblaban como gelatina, cuando alguien tocó su cabello, y le dijo:

¡que suave cabello parece seda! no tengas miedo, no te haré daño. Musitó el joven de ojos azules como el cielo, que desde ese instante flechó su corazón, fue un amor a primera vista.

¿quién eres? expresó Evelyn con voz temblorosa aún.

¡soy Jacinto! para servirte ¿tu cómo te llamas?

Evelyn — No puedo detenerme mucho tiempo, debo llegar al pueblo y comprar unos enseres para mi abuela.

Fue un gusto Evelyn, espero volver a verte.

Igual, debo irme. Hasta pronto dijo confundida Evelyn sintió algo extraño, aquel joven enigmático, parecía inofensivo, sin embargo, algo le decía que no confiara en él. Ese día pudo escapar, sin problema alguno de aquellos ojos que la invitaban a entrar en sus aguas profundas

   Pasaron 5 años, la abuela murió y Evelyn decidió vender la granja y mudarse al pueblo. Allá en aquel pueblito conoció un joven apuesto, no tenía los ojos azules como Jacinto, pero la trataba bien, le apoyó en los momentos más difíciles para ella.

Enmanuel su gran amor y era un hombre trabajador, le cepillaba su cabello cada mañana. Aquel día tocaron a la puerta de una casita pueblerina, pero acogedora, para su sorpresa era Jacinto, aquel jóven que hace 10 años había visto entre los matorrales y nunca más volvió a ver, hasta ese día. Le vino anunciar que Enmanuel había muerto ahogado en el río y ante aquella noticia Evelyn cayó desmayada, perdiendo la razón.

         5 años después, Evelyn estaba recuperada. Jacinto le visitaba con frecuencia y ella por respeto y amor a Enmanuel nunca le aceptó sus regalos. Le gritaba en la puerta, le decía que se marchara. Y Jacinto seguía allí.

Las personas en el pueblo murmuraban de su locura, todos decían pobrecita Evelyn habla sola, con quién hablará cada mañana, a ¿quién llama Jacinto?  Ya han ido a su casa todos los curanderos del pueblo, y dicen que está poseída por el ángel de las sombras, un joven apuesto que se venga de las muchachas bonitas que prometen verlo y se olvidan de él ¡pobre Evelyn, terminará como su mamá Elizabeth, ahogándose en el río! se escuchó decir a una mujer anciana que contemplaba su hermosa cabellera.