EL PIRATA Y LA CRUZ DEL MAR

EL PIRATA Y LA CRUZ DEL MAR

PIRATA. PASEO COLÓN PUERTO LA CRUZ VENEZUELA.
  • En aquellos tiempos cuando existían mitos, de que en el océano había monstruos marinos, eran pocos los que se atrevían a zarpar y recorrer a explorar nuevos mundos. Sin embargo, aquel pirata, era atrevido, y aunque ya no era tan joven y había ganado mucho peso, aún contaba con un espíritu osado y grandes ambiciones.
    Había escuchado que, al otro lado del mundo, lo que llamaban el nuevo mundo en el mar se encontraban grandes tesoros y perlas de enormes bellezas. Ya otros, se habían atrevido a elevar anclas y preparar las velas, emprendiendo la gran aventura al nuevo mundo: América como se le había bautizado.
    Fue así, como dejó su pesadez y se atrevió a atravesar el océano con sus hombres hacia la tierra de las perlas. Fueron días en alta mar, olas inmensas iban y venían en un vaivén como bailarinas danzantes, ya les quedaban pocas provisiones. El Pirata, estaba muy ansioso por ver tierra, sus hombres le decían desesperado que se habían perdido, y que llevaban otra ruta.
    Sin embargo, el seguía adelante, era un viejo lobo de mar y estaba seguro de que sus instintos lo llevaban a puerto seguro. De pronto, se desató una gran tormenta, el Pirata a pesar de que por años había buscado tesoros y había emprendido numerosos peligros se vistió de mucho miedo, pero, era creyente, había recibido educación cristiana y gracias a eso, sus oraciones fueron escuchadas y aquella tormenta cesó, y como dice el proverbio “Después de la tormenta, viene la calma”
    Pero les esperaba una gran sorpresa, emergió del mar una enorme cruz decorada en perlas, la cual flotaba ante su vista. Inmediatamente ordenó a sus hombres a recoger aquella cruz, se necesitó más de 20 hombres para cargarla y sostenerla y fue así como el Pirata encontró aquel tesoro, que él mismo decía fue un regalo del mar, y la llamó la Cruz del mar.
    Inmediatamente, después de aquella proeza, avizoraron tierra firma, era una hermosa bahía, de azul cristalino que se confundía con el cielo, a primera vista el Pirata quedó deslumbrado de su belleza y aquellos hombres también.
    No obstante, la experiencia de aquel Pirata le decía que aquel lugar había sido visitado antes y que las huellas estaban frescas. Les ordenó a sus hombres desembarcar y traerse consigo la gran cruz, la que decidió ocultar para protegerla, pues habían comprendido que aquella cruz le pertenecía al lugar. Cavaron un gran hoyo, y allí colocaron la Cruz de perlas, le oraron y le pidieron protección. Ordenó a sus hombres que nadie la tocaría y que ella permanecería en aquel lugar por siempre y que, si su destino estaba allí, ellos serían sus guardianes. Sus hombres juraron que así sería y la protegerían hasta después de morir.
    Exploraron el lugar y se quedaron a descansar. Aquel lugar les fascinaba y decidieron quedarse un buen tiempo, se hicieron amigos de las etnias pobladoras del lugar, quienes le indicaron que las perlas se encontraban en una isla cercana conocida como la: Perla del Oriente.
    Fue así como el Pirata decidió zarpar hacia la Perla del Oriente, pero nunca se imaginó que allí estarían barcos del viejo mundo, que codiciaban aquel tesoro de aquella isla. El Pirata era de gran corazón y viendo aquel atroz y voraz saqueo a aquella tierra, que sentía como su segundo hogar decidió combatirlos, fue un enfrenamiento desigual, a pesar de toda la experiencia que tenía en luchas, ya no era tan diestro y fuerte como antes, y así fue abatido en aquel lugar. Los españoles les perdonaron la vida a sus hombres, pero los condenaron a quedarse y nunca más regresar al viejo mundo.
    Lo que no sabían los conquistadores, que ya ellos habían decidido quedarse en aquel lugar, tomaron el cuerpo del Pirata y lo enteraron cerca de la Cruz del Mar y estos hombres cumplieron su promesa. Y desde aquel día, el Pirata cuida y protege la Cruz de Perlas junto a sus hombres quienes bautizaron la bahía como Puerto La Cruz.

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