Yhuvia la princesa de las aguas

Yhuvia la princesa de las aguas

YHUVIA: DIOSA AMAZONA

Yhuvia era una hermosa amazona, sus padres la llamaron así porque nació bajo una fuerte tormenta, desde niña danzaba bajo la lluvia, como si le rindiera culto al Dios del trueno o relámpagos, mientras ella iba a su encuentro. Toda la aldea se protegía en épocas lluviosas.
Desde que, Yhuvia llegó a la tribu Amazonia, la aldea fue próspera, los cultivos se incrementaron, y las cosechas dieron buenos frutos que les permitieron expandirse por toda la zona e incluso poder establecer relaciones comerciales con pueblos vecinos. Para los pobladores del lugar Yhuvia, había sido una bendición divina, por eso decidieron enseñarle todos los misterios de aquellas tierras místicas, que encerraban un gran tesoro del pulmón vegetal más grande de Sudamérica.

Capítulo I
Los Misterios de la Montaña
Con un traje hecho a mano y unos cristales en forma de gotas de agua decoraron su bello vestido, una tiara de flores silvestres adornaban su cabellera, se dirigía como que flotara, no llevaba ningún calzado, pues no los necesitaba en aquel lugar. Aquel camino formaba un túnel vegetal, flores silvestres decoraban las enredaderas, un aroma único podía ser percibido, el susurro del viento parecía hablarle, y la dirigía a aquel misterioso lugar, que le resultaba conocido, aunque era la primera vez que lo veía. No sintió temor alguno, y se dejó llevar, hasta que escuchó una voz firme, pero dulce que le musitó:
̶ Te esperaba Yhuvia. Bienvenida a tu casa ̶
Era un hombre mayor, pero lucía radiante, saludable y sobre todo con mucha energía. Se volvió a dirigir a Yhuvia, explicándole quién era.
̶ Soy el guardián del portal de la montaña, sígueme. ̶
Yhuvia lo siguió, pero lo más asombroso que aquel lugar, sus paredes eran de agua cristalina, al igual que su camino, estaba rodeado de agua, parecía que penetraba a una gran cascada, sin embargo, el agua no la mojaba, aunque la tocara o caminara sobre ella. De pronto, el guardián dio la vuelta hacia ella, y le indicó que espera allí, que ya había llegado al templo, era una montaña de cristales en forma de gotas de aguas, al igual que su vestido. Era realmente asombroso, su corazón latió a prisa, y sintió mucho regocijo de estar allí. En ese instante, ante sus ojos aparece un hombre con un traje dorado con unas líneas que simulaban una tormenta, y le dice:
̶ Acércate, querida hija te estaba esperando
Yhuvia sorprendida, le pregunta:
̶ ¿ por qué me esperaba, y por qué me llama hija? ̶ A lo que aquel hombre, casi como un Dios de los tiempos mitológico le responde:
̶ Eres mi hija, perteneces a este mundo, este lugar es tu hogar.
Yhuvia, sígueme te mostraré de dónde vienes, no temas, no voy hacerte daño. Le imploró el señor de las tormentas.
Yhuvia caminó junto aquel hombre, un poco confundida, pero no le temía, sentía que aquel lugar le era conocido. Sin embargo, no entendía porque si tenía familia, ella vivía en otro lugar distinto y unos padres que cuidan de ella.
En ese momento, unos rayos de luz multicolores, se acercan a ella y escucha una voz suave que le da la bienvenida.
̶ Bienvenida hija mía, ¡ que hermosa estás!
Yhuvia, asombrada por tanta belleza ante sus ojos, le pregunta en forma tímida:
̶ ¿Quién eres?
Soy tu madre Yhuvia, todos me conocen como Arcoiris.
Era una mujer de larga cabellera, que al caminar siete reflejos de colores iluminaban en forma de arco. Yhuvia, aún más confundida pregunta:
¿ si eres mi madre, por qué me abandonaste, y hasta ahora es que te conozco?
La dama Arcoris le explica:
Yhuvia nunca te abandonamos, en cada tormenta allí estaba tu padre, por eso no huías e ibas a su encuentro, luego aparecía yo, y tú me contemplabas, eras la única que podía llegar tan cerca de mí.
Yhuvia, un poco irritada y consternada le dice:
No me refiero a eso, sino ¿por qué vivo con otras personas, a los que considero mis padres?
Interviene el señor de las tormentas.
Yhuvia eres la Princesa de las aguas, debes habitar con los humanos, estar entre ellos, tu presencia no permitiría que ellos mueran de hambre, ni sed, que los ríos no se sequen, que los manatiales no dejen de correr . Tu vida está entre estos dos mundos, por eso eres diferente a todos.
A lo que agrega su madre arcoiris, cada vez que sientas la tormenta, allí estará tu padre, anunciado su llegada, y después de hacer su trabajo allí, podrás acercarte a mí, te podemos escuchar, y puedes sentirnos.

En ese instante, escuchó una voz a lo lejos, que gritaba: ¡Yhuvia, Yhuvia! por favor, despierta. Yhuva abrió sus ojos y allí estaban todos a su alrededor contemplándolas justo al pie de la montaña. Todo había sido un sueño, pensó en silencio.