VISIÓN EOSÓFICA : SIGLO XXI

VISIÓN EOSÓFICA : SIGLO XXI

  • VISIÓN ECOSÓFICA: ECOSOCIEDAD, EDUCACIÓN E INVESTIGACIÓN TRANSCOMPLEJA
    Dra. Raquel Peña
    Introducción
    Hoy vivimos el umbral de un nuevo paradigma de la racionalidad y la génesis de una nueva concepción de la objetividad científica, donde su mirada sea un enfoque multiverso y multireferencial bajo un prisma complementario y transdisciplinar ante las nuevas exigencias y realidades emergentes, desde una visión ecosófica por parte del ser humano.Es importante que evolucionemos, pero que también nos preparen para una hiperconectividad humanizada, donde el sistema reticular de las tecnologías emergentes vaya dirigido por la mano del Hombre hacia una Ciencia y Tecnología más humana, donde no se pierda esa comunicación auténtica, donde los vínculos perduren y la empatía prevalezca y tengamos una relación simbiótica en equilibrio: Naturaleza-Hombre-Tecnología-Ciencia en la era de Hipermodernidad, la cual sin duda está en proceso de metamorfosis y renacimiento del nuevo hombre, la nueva ciencia y la investigación transcompleja.

Una mirada ecosófica de la Pachamama: evolución e interrelación con la tecnociencia
Desde la antigüedad, los filósofos han dado importancia a las relaciones del ser humano con la naturaleza, o bien conocida por los griegos como la Diosa Gaia o por nuestros ancestros americanos como la Pachamama. Todo lo que está en el universo fluye, la naturaleza misma lo hace, por ejemplo, Heráclito (540 a.C – 480 a.C) pensaba precisamente que los cambios constantes eran los rasgos más básicos de la naturaleza., mantenía la postura que todo fluye y está en movimiento y que nada dura para la eternidad.
Por otro lado, Parménides (530 a.C-515 a.C) afirmaba lo contrario que nada cambia. Sin embargo, años más tarde, Demócrito (460 a.C 370 a.C) señalaba que estaba de acuerdo con sus predecesores en que los cambios en la naturaleza no se debían a que las cosas realmente cambiaran, sino que todo tenía que estar construido por partículas invisibles, cada una de ellas eterna e inalterable. Demócrito, es quien pone fin a la tertulia filosófica pues, de una manera u otra tanto Parménides como Heráclito tenían ambos razones en sus posturas, estaba de acuerdo con Heráclito en que todo en la naturaleza fluye, porque las formas van y vienen, pero detrás de todo lo que fluye, se encuentran algunas cosas eternas e inalterables que no fluyen, que es a lo que llamó átomos.
En el siglo XXI se dibuja un entorno complejo y global (Pérez, 2013), se conectan con los filósofos antes descritos enmarcado en la premisa de que nada es estable o todo fluye como lo afirmaba Heráclito, por lo que la autora explica que se requieren nuevas competencias sociales y digitales. Entonces, partiendo de un análisis de esa conexión con la tecnociencia bajo la mirada ecosófica de la sociedad actual y, en donde esta pide a gritos que se debe ir minimizando el deterioro que provoca su aleteo dinámico por la urgente necesidad de crecimiento económico e industrial de los mundos civilizatorios.
Ahora bien, es urgente tomar en cuenta en retrospectiva las dimensiones sociohistóricas, culturales, económicas y políticas donde cada una de las aristas que componen ese mándala transcompleja puedan aportar la comprensión y poder desde nuevas visiones transformar esa manera fragmentada, por una cosmovisión ecohumanizada de la tecnociencia y que aporte soluciones efectivas por parte de los que hacen vida científica e investigación, en esa búsqueda del conocimiento tecnológico.
Es sabido que, la Edad Antigua fue llamada época de oro, donde la gran mayoría de las ciencias, sino todas, las que hoy conocemos tienen su arjé en esta etapa de la historia, la Astronomía, la Geometría, la Física, la Filosofía, la Política, la Matemática, la Medicina, la Biología, entre otras; que permitieron ir aproximándose a la comprensión del universo, pues es el motor que dinamiza la conducta humana, esa necesidad de conocer los elementos que lo rodean y su existencia.
Al respecto, Flórez y Mosquera (2013, p. 85), puntualizan: “desde tiempos primitivos el hombre ha sentido la necesidad de tener conexión con la naturaleza que lo rodea, el ser humano necesitó de la naturaleza para sobrevivir, se proveía de ella mediante lo que cazaba y lo que recolectaba”. En la época antigua la agricultura y el sedentarismo determinan características particulares en la interacción ser humano-naturaleza, orientado a la necesidad de proveer una mayor cantidad de alimentos y mejores condiciones de vida para las poblaciones crecientes, lo que incidía en el cambio del uso del suelo, la afectación de la diversidad biológica en las plantas y los animales, el consumo de materias primas para la vivienda y la vestimenta.
También acotan los autores, que luego de la última era glacial y a partir de la revolución agrícola se inicia una nueva sociedad en la que se empieza a desarrollar la habilidad de los hombres y mujeres de estos tiempos en separar lo externo de lo interno y se genera la expansión del conocimiento.
En ese mismo orden de ideas, es propicio decir que nuestra cultura americana, nos devela un sinfín de literatura sobre mitos y leyendas que guardan relación con la creación de los elementos universales, al que consideran sus dioses o asumen como sus protectores. Algunas de estas civilizaciones en esa explanada planetaria siguen rindiendo culto a su gran: Pachamama y es que debemos preguntarnos: ¿son estas civilizaciones resistentes a los cambios y se niegan a transitar hacia un mundo tecnocientífico?
Ahora bien, partiendo del análisis precedente sobre el tema de la gestión del conocimiento en cuanto al tema naturaleza y sociedad, vemos que estos principios tienen su verdadera génesis, al final de la época medieval, cuando el centro de atención y estudio cambió desde las posturas sobre: razón, fe, doctrina y teología hacia la estructuración de las ciencias naturales durante el siglo XVI, llamada época del Renacimiento. Uno de sus precursores fue René Descartes (1596 –1650), quien propuso los principios del conocimiento natural y que estos deberían construirse a partir de la experimentación científica. También se cuenta, con la reorganización del método científico por parte de Francis Bacon (1561-1626), es la edad conocida como la Ilustración.
Luego llegamos a la edad moderna con la Revolución Industrial y la era tecnológica posterior, convirtieron la naturaleza en una fuente de materia prima para la producción, la generación de capital y el progreso material para la sociedad, con un amplio sentido por el dominio de la naturaleza, generando impactos y consecuencias graves sobre el ser humano y la fuente de riqueza natural. Por otra parte, con la Revolución Industrial y la consolidación del sistema capitalista, la concepción de la relación naturaleza-sociedad se sustentó en la consideración de esta como un recurso externo y explotable con fines económicos, por lo que se puede asegurar que durante tres siglos consecutivos irrumpió el dominio y control de la especie humana sobre la naturaleza.
En los siglos XIX y XX el Estado y las empresas económicas pasaron a ser intervencionistas, pero al mismo tiempo empezaron a reconocer los desequilibrios ecológicos que amenazan al planeta. Es así como, a principios de los años sesenta del siglo XX comienza la preocupación de algunos Estados acerca de los problemas medioambientales, y en la década de las setenta dichas preocupaciones se canaliza hacia los límites del crecimiento humano y la globalidad como reza el informe del Club de Roma de 1972.
Para tal año, las Naciones Unidas organizaron la reunión de Estocolmo y prepararon la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano. A partir de ese momento, se originan dos criterios que guían la relación sociedad-naturaleza, a saber: la concepción de la naturaleza entendida ahora como el medio ambiente y la entrada de una regulación normativa de esta relación, consolidada con la creación de autoridades ambientales y la expedición de normativas legales para el uso de los recursos naturales.
Hoy en el siglo XXI, la fenoménica de esta realidad simbiótica naturaleza-sociedad-tecnociencia, ha permitido avizorar un nuevo transitar y manera de pensar y repensar, aprender y desaprender, inventar y reinventar nuevas formas de producción tecnológica que nos conlleven a la reconciliación y conexión con nuestro mundo natural, por supuesto sin perder lo que se ha logrado y alcanzar el crecimiento económico, pero sin la destrucción del ambiente, en esa búsqueda para algunos inalcanzable en el marco del desarrollo sostenible, ya que son dos componentes ligados y en conflicto permanente. Beck (2000) citando a Fritjof Capra (1939) quien plantea la Ecología Profunda, y que podría denominarse:
una visión ecológica del mundo; ya que el mundo de la vida se ve más como un todo integrado que como una discontinua colección de partes, reconociendo que estamos ante la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos, y el hecho de que como individuos y como sociedades estamos todos inmersos en los procesos cíclicos de la naturaleza. (p. 67)

En este sentido, es importante replantearse nuevos movimientos ecohumanizados de la tecnociencia que posibiliten esa visión ecosófica integrada en la interrelación con la Pachamama, buscando alternativas de progreso y producción bajo una mirada protectora de nuestro entorno natural.
Finalmente, se puede decir que desde una mirada ecosófica retrospectiva de la evolución e interrelación de la tecnociencia con la Pachamama, considero entonces según los diferentes documentos y literatura analizada, que se ha sufrido 4 etapas históricas: a) Etapa Simbiótica Ecohumanizada corresponde desde la Edad Primitiva hasta el siglo XVI (Antes del Renacimiento) b) Etapa Naturaleza-Ciencia (a partir del Renacimiento) propuestos por Descartes y el surgimiento de la teoría del conocimiento de Bacon. c) Etapa Ciencia-Industrias (a partir de la Edad Moderna Revolución Industrial hasta finales Siglo XX) prevalece el dominio del ser humano sobre la naturaleza. d) Etapa Ecológica-Tecnociencia (Siglo XXI) Nuevas posturas emergentes en relación a la concepción de la ciencia-tecnología.

6 comentarios en “VISIÓN EOSÓFICA : SIGLO XXI

  1. Brillante entrada, con un análisis profundo del desarrollo de las sociedades desde el primigenio. No obstante, lograr una tecnohumanidad centrado en el ser humano, es darle a ello un significado utópico. El capitalismo salvaje, con los hacedores de una hiperconectividad que va creciendo cada día, despersonalizando al individuo en su razón de ser, ha provocado hace décadas desastres naturales, deshielo ártico, guerras, desplazamientos de millones de personas por múltiples razones, inequidad cada vez mayor en la distribución de la riqueza, por nombrar solo algunos, ante lo que cabría preguntarse dejando de lado los fundamentos ya invisibles, que aportes pueden hacer las ciencias «blandas», para que la humanidad vuelva a encontrar su eje. Un cordial saludo.

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