¡ÚLTIMO DESEO!

¡ÚLTIMO DESEO!

Raquel Peña

Barcelona, Venezuela

            Aquel aroma a cacao era irresistible al paladar ¡ese rico olor! se expandía por toda la hacienda del abuelo Ángel. La brisa abrazaba el aroma y aquella melodía campestre hacía que danzáramos por toda la cocina, el olor a pasto recién cortado se mezclaba con el del chocolate ¡sensación que disfrutaba mucho!

            La hora de tomar el chocolate caliente se convirtió en un momento mágico. El viento soplaba a prisa, las aves al unísono cantaban alegremente, el bramar de las vacas y el relinchar de los caballos anunciaban a todos que debían dejar la faena para reunirse en familia.

            En ocasiones, la abuela Dolores reprendía con su tono de enojo ¡a bañarse, aquí no voy a permitir sus olores a corral! Luego se reía a carcajadas. Como toda abuela, una alcahueta de sus 11 nietos y conmigo la docena como decía ella.  ¿Quién se iba a imaginar que se iría tan pronto?  Aquel día, fue el más doloroso de mi vida, me tocó preparar el chocolate caliente en su funeral. A lo lejos ululaba una lechuza y yo danzaba en la cocina, para cumplir su último deseo. Un trago amargo pasó por mi garganta, evitando no llorar.

            Aquella vez todas las tazas de chocolate se quedaron prácticamente llenas sobre la mesa, ese amargo no solo lo percibí yo, sino todos sus nietos. Por un momento pensé, que era por el dolor. ¡Ese día comprendí que el secreto de su chocolate estaba en el amor con que lo hacía para nosotros!