LA MAESTRA DE LAS MUÑECAS

LA MAESTRA DE LAS MUÑECAS

Todas escuchábamos atentas sentadas una detrás de otra, y rizitos de oro que así le llamaban por tener sus cabellos amarillos, era el único varón. Todos escuchando a la maestra Rachel, en sus primeras lecciones, nos explicaba que era importante aprender muy bien cada lección para ser alguien en la vida, era su juego diario con nosotras, y nos contaba que cuando fuera grande sería maestra, porque quería educar a los niños y jóvenes. Fuimos sus primeros discípulos, sus primeros y únicos amigos imaginarios.

Todas fuimos un regalo del Niño Jesús de su papá Antonio, su abuelo materno. Por cosas del destino, estuvimos mucho tiempo con ella casi 30 años, pero, fuimos a parar al basurero, no por su culpa,porque nos guardaba como un gran recuerdo de su infancia, sino porque alguien que no entendía, porque aún nos tenía con ella, nos lanzó en el patio y las ratas nos tomaron de nido, cuando Rachel nos encontró, estábamos llenas de orín y excrementos de ellas y aunque insistió en salvarnos, no se lo permitieron, porque según podría enfermarse por nuestra culpa, esa persona le decía “ porque tienes que tener cosas del pasado”. y una con un nombre muy gracioso, palabra muy soez y grotesca regalo de su Tía Lola, que no puedo decir aquí,pero les daré una pequeña pista de su nombre, sus “ posaderas” eran muy prominente y estaba siempre desnuda, eso si un material muy resistente como el de nosotras, desaparecimos de su vida. Quien aún está con ella porque no era tan resistente, y fue un regalo también de su abuelo, es la muñeca de trapo.

Hoy me siento orgullosa de ella, y justo como ella lo pensó, así sucedió, porque siempre nos hablaba, nos dijo en aquel basurero “quizás van a manos de una niña que las necesita,ojalá las cuide más que yo, espero me perdonen, debí guardarlas mejor” , ella nos decía serán obsequio para mi primera nieta,porque su hija Lilibeth también jugó con nosotras,pero, sabía que nunca tendríamos una igual a Rachel, las niñas de antes no son como las de ahora, ahora desde el cielo de las muñecas la vemos sonriente,porque ha cumplido su gran sueño ser “ Maestra” y a punto de alcanzar su último escalón en su carrera, siempre recuerdo que decía llegaré a lo máximo en mi carrera, seré una gran maestra,como mi maestra María.

Nieves el Hada del Invierno y la Princesa de las Flores

Nieves el Hada del Invierno y la Princesa de las Flores

Una brisa fría visitó la Montaña Jardín, los árboles se vestían de blanco y Nieves, el Hada del Invierno con su magia protegía cada una de las flores que allí habitaban, con sus alas hacía una cúpula cristalina que las cubría para protegerlas del frío del invierno y en ese tiempo dormirían para recuperar energías, pero, solo una flor despertaba con el invierno y allí estaba ella radiante, lucía hermosa, el Hada del invierno le habló:

— Despierta, despierta, ya es hora.—

Una flor con un brillo espectacular, brotó del suelo e iluminó toda la Montaña Jardín, poco a poco abrió sus pétalos que de forma majestuosa formaban una linda estrella y dijo con una voz apacible y dulce:

— Gracias, Hada del invierno, gusto en verte de nuevo Nieves—

El Hada Nieves le responde:

— Dulce Estrella, eres la flor encargada de protección en invierno a la Montaña Jardín, gracias a ti todas las especies vivientes se mantendrán intactas y vivas resistiendo el intenso frío.—

Dulce Estrella le pregunta:

— Nieves ¿por qué no puedo estar con mis hermanas, por qué tiene que ser así?—

El Hada del Invierno le explica:

— Dulce Estrella, tu madre la Reina Orquídea descansa en el invierno y tu como la Princesa de las flores quedas al cuidado brindándoles protección a todos. Debes entender que todos tenemos una tarea que cumplir, fuiste creada para este fin, si tu no existieras todos aquí podrían morir.—

La Princesa Dulce Estrella abrumada y triste le responde:

— Lo comprendo, lo sé, pero me siento tan sola no pueden verme, no puedo compartir con ellas, todos duermen mientras yo los contemplo.—

El Hada del invierno le aclara:

— No pueden verte, pero si pueden escucharte, si les hablas desde el corazón, ellas podrán entenderte y así las animarás para que resistan y se mantengan vivas.—

Dulce Estrella con una gran sonrisa y más tranquila le exclama:

— ¡no te preocupes Nieves haré mi trabajo, te lo prometo! Y me alegra mucho saber que podré ponerme en contacto con mis hermanas y mi madre.—

Y fue así, como desde aquel día, cada invierno, a pesar de todo el frío, las flores del jardín lucían radiantes en aquellas cúpulas cristalinas y Dulce Estrella desde su corazón expresaba su amor a cada una de ellas.

Tomado del libro La Montaña Jardín de mi autoría Raquel Peña disponible en @amazon