LA DIOSA DEL TIEMPO Y EL ÁNGEL DEL PORTAL

LA DIOSA DEL TIEMPO Y EL ÁNGEL DEL PORTAL

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Todo estaba igual, cada Dios en su sitio de honor. Era un lugar sagrado, así había permanecido por siglos, aunque ya no había vida cada uno de ellos, recordaban lo que aquello significó, en especial el cetro del Dios de la Nada o el Ángel del Portal como fui nombrado, mi función era mágica y desaparecía cuanta injusticia o maldad imperaran en el mundo de los mortales, ese lugar que por su ambición y añorando un poder que no les correspondían destruyeron la única posibilidad de vida, pues quienes se atrevieron a desearlo o poseerlo acabaron con el hecho de existencia humana o viviente.

Aquella pluma que me adornaba representaba a los guardianes del portal de la Nada. Cuando fui nombrado Ángel del Portal empezó a tener sentido mi existencia, porque me correspondía la custodia del tesoro del Mundo de la Nada, era la tarea más significativa en estos cielos, donde el tiempo es infinito y el “Todo” no tiene cabida. Pero, no estaba solo me acompañaban 12 Dioses que cobraban existencia por muy cortos días, segundos y minutos, a cada uno se les era asignado una misión por el Dios del Tiempo, el resto permanecía inmóvil e inmortal hasta tocarles su turno. Voy a contarles cómo cada uno funciona:

I Portal del Tiempo
Iānuārius era el primero en recobrar el soplo de existencia, su cetro a la mano derecha, era usado para alejar a los que no tenían derecho a cruzar el umbral, era el Dios de las Puertas, de las partidas o salidas y retornos, con dos caras que simbolizan al año que termina y la otra hacia el año que recién comienza, ya terminando sus días.
II Portal del Tiempo
Le da paso a Februarius, (Febrero) a quien le correspondía la misión de la purificación y tributos de carácter religioso. Es por ello, que otras versiones le asocian con rituales infernales o Dios de la Muerte. Otro Dios que encontramos resguardando junto al segundo portal del tiempo es Martius, (Marzo) quien da paso al despertar de la naturaleza, pero también es quien salvaguardaba el lugar contra cualquier ataque.
III Portal del Tiempo
Algo muy curioso, es quien representa el tercer portal, acá brota la fertilidad y por tanto es la época del apareamiento, quien lo tomara o invadiera robaría la posibilidad de la reproducción, es por ello que se encuentra bajo custodia en un mundo donde la vida es inexistente, algo antagónico, no obstante, necesario por lo que su función significa. Y es Aphrós (Abril) quien le da paso a Maius (Mayo) Diosa de la Flora por lo que veamos florecer y contemplar en esta época la primavera. Apareciendo luego Juno, (Junio) Diosa de la Maternidad, madre de la Tierra.
IV Portal del Tiempo
Este portal estaba a cargo de Ioulos (Julio) el séptimo Dios Júpiter, a quien le asignaron la abundancia y suavidad en relación a cabellos y barbas de los mortales. Acá también encuentran a Augustus (Agosto) quien lleva su nombre al emperador Romano.
V Portal del Tiempo
Es así como llegamos a Septem (Septiembre) que representan las 7 estrellas de las constelaciones boreales de la Osa Mayor y Osa Menor. Ocurre el equinoccio de otoño entre los días 22 y 23 en el hemisferio norte y el vernal en el sur. Es el séptimo lugar en el tiempo antes que los mortales intercedieran en el calendario cambiando la brújula.
VI Portal del Tiempo
En este portal reposan Octubre viene del octavo lugar que ocupa. Sin embargo, cuando los mortales quisieron cambiar el Mundo de la Nada, este cambió su lugar al décimo, porque le cedía a Iānuārius y a Februarius, los 2 primeros lugares para proteger así el Mundo de la Nada de los seres vivientes llenos de codicia, vicios y ambiciones de poder.

Es así como transcurre el tiempo en el Mundo de la Nada donde nuestra existencia es vital para los mortales dirigimos su vida y ellos no podrán nunca más violentarla, si algo aprendimos todos es que si queremos seguir existiendo no podemos permitir que un ser viviente penetre en nuestro suelo sagrado, sabemos que representamos, sé que he sido creado para desaparecer todo mal que quiera penetrar en nuestro mundo y aquí viviré inmortal, no estoy solo y ustedes mortales del bien, que leen mi historia tampoco.

Es importante que sepan, que cuando fui abandonado sin vida, y sin importarle a quien me creo, quien salió huyendo como un vil cobarde, fui rescatado por la Dios del Tiempo, me restauró otorgándome un soplo de existencia y magia, fui sometido a diferentes pruebas por siglos para medir mi valía y mi esencia, me convertí en más que un cetro para el Dios del Tiempo y se me regaló el más preciado de los títulos en el Mundo de la Nada: El Ángel del Portal de la Nada.
Recuerdo que en cada lugar del Mundo de los Mortales le pertenecí a Reyes, Monarcas, Magos e incluso a Pastores u hombres de bien, siendo estos últimos de los que aprendí la verdadera esencia de la existencia.
Les confieso, que mi forma tomaba el valor que poseía mi dueño, por eso nunca conocieron mi verdadera imagen, pero ellos me alimentaron, nutrieron con todas sus virtudes y vicios, pues era realmente necesario para poder combatir el mal, conocerlo de cerca, convivir con él, algunos me incorporaron elementos o materiales extraños, algunos permanecen en mí, porque es una forma de recordar a aquellos que hicieron de mí lo que hoy soy.
Mi última dueña la Princesa Perlas, quien me recreó, logró escuchar mi voz y plasmó mi última imagen ante los mortales. Cuando me regresó al Mundo de la Nada, sus lágrimas se posaron en mi corazón y jamás la olvidaré. Hoy soy quien soy gracias a ella, porque para poder recuperar mi existencia y la confianza de la Diosa del Tiempo, un mortal puro debía escuchar mi voz y para ello pasaron siglos, cada guerra era un retroceso e impedía mi libertad. Hoy en el siglo XXI, me encuentro en el Mundo de la Nada, contando quien fui y quien seré por el resto de los siglos.

Nieves el Hada del Invierno y la Princesa de las Flores

Nieves el Hada del Invierno y la Princesa de las Flores

Una brisa fría visitó la Montaña Jardín, los árboles se vestían de blanco y Nieves, el Hada del Invierno con su magia protegía cada una de las flores que allí habitaban, con sus alas hacía una cúpula cristalina que las cubría para protegerlas del frío del invierno y en ese tiempo dormirían para recuperar energías, pero, solo una flor despertaba con el invierno y allí estaba ella radiante, lucía hermosa, el Hada del invierno le habló:

— Despierta, despierta, ya es hora.—

Una flor con un brillo espectacular, brotó del suelo e iluminó toda la Montaña Jardín, poco a poco abrió sus pétalos que de forma majestuosa formaban una linda estrella y dijo con una voz apacible y dulce:

— Gracias, Hada del invierno, gusto en verte de nuevo Nieves—

El Hada Nieves le responde:

— Dulce Estrella, eres la flor encargada de protección en invierno a la Montaña Jardín, gracias a ti todas las especies vivientes se mantendrán intactas y vivas resistiendo el intenso frío.—

Dulce Estrella le pregunta:

— Nieves ¿por qué no puedo estar con mis hermanas, por qué tiene que ser así?—

El Hada del Invierno le explica:

— Dulce Estrella, tu madre la Reina Orquídea descansa en el invierno y tu como la Princesa de las flores quedas al cuidado brindándoles protección a todos. Debes entender que todos tenemos una tarea que cumplir, fuiste creada para este fin, si tu no existieras todos aquí podrían morir.—

La Princesa Dulce Estrella abrumada y triste le responde:

— Lo comprendo, lo sé, pero me siento tan sola no pueden verme, no puedo compartir con ellas, todos duermen mientras yo los contemplo.—

El Hada del invierno le aclara:

— No pueden verte, pero si pueden escucharte, si les hablas desde el corazón, ellas podrán entenderte y así las animarás para que resistan y se mantengan vivas.—

Dulce Estrella con una gran sonrisa y más tranquila le exclama:

— ¡no te preocupes Nieves haré mi trabajo, te lo prometo! Y me alegra mucho saber que podré ponerme en contacto con mis hermanas y mi madre.—

Y fue así, como desde aquel día, cada invierno, a pesar de todo el frío, las flores del jardín lucían radiantes en aquellas cúpulas cristalinas y Dulce Estrella desde su corazón expresaba su amor a cada una de ellas.

Tomado del libro La Montaña Jardín de mi autoría Raquel Peña disponible en @amazon