EL PESCADOR Y EL ALCATRAZ

EL PESCADOR Y EL ALCATRAZ

LOS COCOS. PUERTO LA CRUZ

Al despertar el alba, él se disponía a tomar su anzuelo y la red de pescar, allí lo esperaba su bote para ir mar adentro a buscar el sustento de cada día para su familia, las olas danzarinas eran testigos de las veces que el pescador hacía la misma rutina, ya le conocían desde niño, porque también su padre fue pescador y aquel mar sentía un cariño especial por ese pescador, pues era diferente a los demás, él le cantaba al mar como cual llanero le canta a su ganado, antes de salir el sol, entonaba melodías melancólicas que le pedían perdón por tener que tomar de sus aguas a los peces, quienes se sacrificaban para darle el sustento diario a su familia y muchas otras que dependían de él.
Todos decían que era el pescador preferido del mar, siempre traía a la bahía loe mejores peces y los más suculentos, mientras que otros no podían cumplir tal hazaña.
Una mañana como de costumbre se dispuso a zarpar para ir de pesca, pero, se encontró con un alcatraz en su bote, herido a medio respirar, sus alas estaban rotas. El pescador lo tomó y decidió regresen a casa para curar el alcatraz, que por cierto tenía un plumaje único, en su cabeza se hacía un copete que simulaba una corona de rey y desde su cuello hasta la cola un plumaje multicolor le cubría.
El pescador asombrado se dijo en voz alta ¡este alcatraz es una especie rara! o ¿será que es el Rey de los alcatraces? El alcatraz asintió con la cabeza como asintiendo lo último dicho por el pescador.
El pescador le sanó todas las heridas, le dejó un poco de pescado en una cubeta y le dijo debes quedarte aquí mientras estás convaleciente, en pocos días te sentirás mejor y podrás irte a casa de nuevo. Voy a buscar alimentos, aunque ya está a punto de salir el sol, estoy seguro que encontraré algo. No te preocupes le avisaré a tu familia que estás conmigo y que vengan a buscarte. El alcatraz volvió asentar la cabeza como si entendiera al pescador.
El pescador salió hacia el mar y durante el viaje cantaba “El Alcatraz Rey está conmigo, por favor vengan a la playa en 3 días, ya podrá volver a casa, pues habrán sanados sus heridas”.
El viento llevó su voz a la isla de los alcatraces y ellos lograron escucharlo. Esperaron los 3 días convenidos y al despertar el alba emprendieron su viaje en manada a buscar su rey.
Esa mañana a la hora estipulada estaba el pescador con el Alcatraz Rey, que así lo llamó por su raro plumaje, pero, en verdad si lo era, así que no estaba equivocado.
De pronto, el cielo se cubrió de una lluvia de alcatraces, que se disponían aterrizar en aquella playa, donde las palmeras de cocos adornaban el lugar era maravillosamente hermosa y ella estaba esperando el Rey Alcatraz, todos aterrizaron en perfecta formación e hicieron reverencia a su rey y con sus alas agradecían al pescador por haberle salvado a su rey.
A partir de aquel día cuenta la leyenda que los alcatraces en agradecimiento visitaban a los pescadores lugareños y coexistían sin temor alguno, es por eso que cuando veas pescadores, botes y palmeras de coco, seguro por allí cerca están los alcatraces junto a ellos, compartiendo como si nada.
— Abuela Rachel que cuento más lindo, me gustó mucho, cuenta otro. Todavía hay tiempo, mami viene tarde hoy — me suplicó mi nieta.
Pensé es hora, que mi nieta conozca las historias de pescadores de sueños, que también les dan vida a mis cuentos y que yo tuve la oportunidad de conocerlos, los volví parte de mis historias.

XXIII EDICIÓN: 1280 ALMAS de JIM THOMPSON

XXIII EDICIÓN: 1280 ALMAS de JIM THOMPSON

EL PACTO Y LAS 12 ALMAS

¡Si, Señores! Yo era para todos un hombre honesto y puro de corazón, eso era lo que ellos creían de mí. Todos en aquel pueblo de América me adoraban, confiaban plenamente en mí, como quien dicen por allí, me fui ganando la confianza de todos, e incluso ¡hasta de los que habían obtenido el poder! Yo quería tener una mejor vida y ¿quién no?

¡Si, Señores! Sin muchos estudios empecé a escalar puestos importantes.

 ¡Si, Señores! eso lo logré con mi astucia, aunque todos decían que era un hombre bruto y que solo era un hombre con suerte, porque me uní al bando correcto, y bueno me casé con Mery, ella me volvía loco, era ella la única que conocía mi verdadera esencia, pero a ella también le gustaba escalar posiciones, así que hicimos un Pacto. Solo ella y yo.

¡Si, Señores! Mery era una mujer hermosa, y bueno quien no se vuelve loco, por una mujer bonita, aunque lo me atrajo de ella fue su inteligencia, ella era la que verdaderamente maquinaba todo.

¡Si, Señores! Una mujer malvada, pero irresistible…jajajaja ¿Quién no se vuelve loco, con una mujer así?

Bueno, ¡Señores!, yo no era malo, realmente, era un hombre bueno, pero Mery me llevó a cometer locuras, me convirtió en un asesino silencioso, nunca nadie sospecharía de mí, yo no dejaba rostros, ni huellas. Mery me decía:

       — ¡tranquilo, cariño, nadie jamás nos descubrirá! Es un pacto y los dos seremos ricos—

Esa mujer, no se salía de mi cabeza y cuando menos lo pensaba, ya tenía un alma más para su cuenta. Vociferaba en mi loca mente:   —¡Recuerda, es lo que convenimos, son 12 almas que debes darme, pero, lo más poderosos del pueblo, solo así podrás quedarte en su lugar! —

Bueno, ¡Señores!, fue así como Mery me llevó cada mes a cometer un asesinato y cada uno fue agregándose a su lista. Recuerdo que el primero fue muy curioso, se murió ahogado con una semilla de una fruta, yo veía que los ojos se le ponían como un par de huevos fritos, y no entendía, hasta que lo ví caer en el suelo. Pedí ayuda, pero, ya era demasiado tarde. ¡Señores!, se asfixió el pobre hombre, bueno ni tan pobre…jajajaja.

Bueno, ¡Señores!, el segundo fue más curioso aún, me pidió agua le llevo un vaso, él se la tomó y resulta que el agua estaba envenenada. Eso dijeron los médicos que lo atendieron, y que se había suicidado… ¿por qué lo haría? Era su segunda alma para Mery. Todavía no sé, como llegó ese veneno al agua.

Bueno, ¡Señores!, yo no soy un asesino, todo fue casualidad, y por supuesto culpa de Mery, pero, no podía decir nada, no podía acusarla. Habíamos hecho un pacto. Yo era su asesino silencioso.

Bueno, ¡Señores!, el tercer mes nos fuimos de pesca el ministro y yo. Y no sé, de dónde salió aquella culebra inframundo, no parecía terrenal…jajaja que lo picó. Cuando llegamos al hospital, no había antídoto y el pobre murió, bueno ni tan pobre…jajaja. La tercera alma de Mery.

Bueno, ¡Señores!, ya se me estaba acelerando el corazón, porque no quería salir con nadie poderoso. Ustedes saben, no soy un hombre malo, pero ya me decían: — sape contigo, no salgo más, el que se junta contigo termina muerto y se reían — se burlaban de mí, eso me daba mucha rabia, quería decirles que no era mi culpa, que era de Mery, pero, guardé silencio.

Mery, me volvía loco, me gritaba: — se está acabando el mes y no me traes, mi otra alma, te tocarán dos el mes que viene — me dijo muy molesta.

Bueno, ¡Señores!, yo le dije a Mery — ¡no, puedo! Nadie quiere salir conmigo, ahora dicen que llevo la muerte a cuestas…jajaja. ¡que tonterías de esa gente.

ellos mueren porque son unos tontos— eso me dijo Mery.

Bueno, ¡Señores!, pasaron 8 meses y me seguía reprochando, y todos se seguían burlando de mí. Mery me refutó: te queda un mes y te faltan 9 almas, así que cumple el pacto— Un fuego se veía en sus ojos, me dio mucho miedo al verle, tan furiosa.

¡Señores!, había una cena de navidad, nos invitaron a todos, éramos 10, incluyéndome. Yo ese día, no me sentía bien del estómago, así que fui a la cena y solo brindé. Ocurrió algo curioso, todos murieron de un infarto, eso dijo el mesonero. Yo me había ido al baño, el vino me cayó mal. Cuando regresé Mery estaba allí. Ellos no la veían, pero era diferente, ya no la veía tan bella como antes. Me sonrío y se los llevó a todos.

Bueno, ¡Señores!, así llegué a ser el presidente de aquel pueblo, todos me temen y dicen que tengo un Pacto con la muerte…jajaja. ¡que locos! Mery es mi esposa. Lo curioso, es que nadie más ha muerto. Mery me abandonó con sus almas y amenazó a todos de que nadie se metiera conmigo, porque se los llevaría con ella.

Bueno, ¡Señores!, desde aquel día, ahora soy poderoso. Pensé, pensé, y fue cuando llegué a la conclusión como bien lo dice Jim Thompson en su libro: «estaba todo tan claro para mí, Cristo sabía que estaba claro: ama a tu prójimo y no jodas a nadie a menos que se desmadre; y perdonémonos nuestros pecados…. Por el amor de Dios, por el amor de Dios…»