Vendedores de Esperanzas

Vendedores de Esperanzas

Esta es la última entrega en homenaje a los símbolos de los hombres y mujeres descalzos, pero vendedores de esperanzas. En esta entrega Andrea, pasa a ser la abuela y nos relata cómo culminó la historia de la Abuela Rachel.

A lo lejos se escuchan sus gritos de guerra, y algunos vienen cargando su carrucha, otros con un morral de implementos o herramientas para reparar electrodomésticos y los que llevan el dulce criollo, torrejas, tortas caseras, conserva de coco o el majarete de maíz cariaco. De primerito, se escucha al que vende querosén, peculiar y gracioso entonando fuertemente querosén, sén, sén, sén con un eco que el mismo repite y los niños al verlo pasar, lo imitan, sin cesar.

En horas de la tarde, ya se anuncia la llegada del que vende el gasoil con expresiones que advierten que “hay que combatir las plagas” Todos ellos vendedores de esperanza, porque ya sus clientes los esperan con grandes ansias, pues hasta su casa llevan lo que más necesitan. 

Cuando alguien quiere merendar, se tiene para escoger entre frutas, dulces criollos o una sabrosa chicha, algo muy asombroso, es el señor del majarete de maíz cariaco, que desde el Viñedo una comunidad Barcelonesa, sale con bandeja en mano y en autobús llega hasta el Paraíso, muy seguro y confiado, porque sus clientes esperan con efectivo o trueque para hacer su pago.


Abuela Andrea, que lindos cuentos me leíste hoy. Y este último, hasta rima tiene—

Si, Rachel son los cuentos de tu bisabuela. Quien cada tarde me contaba estas historias sobre nuestro pueblo, y después de aquel concurso en que participó hace más de 50 años con una comunidad bloguera, puedo conservar esta colección de cuentos que se convirtieron en material de consulta de cultura popular—

Y es cierto, abuelita Andrea ¿que pudo ir a Grecia?

Si, yo la acompañé, fue el día más feliz de su día y dijo: “puedo morir tranquila” Ya cumplí todos mis sueños.